Escribir tu propio cuento. ¿Quién no lo ha soñado en alguna ocasión? Explicar, narrar, inventar… son actividades fantásticas para que niños y adultos entrenen su capacidad para imaginar y escribir. Pero la página en blanco nos da mucho miedo. No sabemos sobre qué escribir, ni cómo desarrollar la idea o plantearla para que tenga sentido. Nos emociona empezar, pero no sabemos cómo coger el lápiz, ni la hoja, ni los colores… ¿Quieres que te echemos un cable? Continua leyendo. Aquí tienes cinco maneras de poner a funcionar el motor de la creatividad literaria. ¡Vamos allá!

  1. Encuentra la inspiración en ti 

Solemos buscar ideas en paisajes inhóspitos, planetas imposibles y estrellas lejanas y tal vez no nos demos cuenta que las historias de verdad pueden crecer desde nuestro interior. ¿Qué sientes? ¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué te pasó este verano? Quizá una caída en bicicleta, un miedo feroz a los monstruos que crees que se esconden debajo de tu cama o la llegada de un hermanito a vuestra familia pueda ser la chispa que enciende tu historia. Y luego ya vendrán los universos raros, las selvas amazónicas y los animales exóticos. 

  1. Crea un escenario 

A veces no son tanto las personas como los lugares en los que suceden las cosas. ¿Qué tal si en lugar de empezar por los personajes, nos inventamos un lugar? Puede ser una casa en el bosque, un palacio elegantísimo, el árido suelo lunar, un teatro antiguo o una cancha de baloncesto. Seguro que en cuanto hayas situado el escenario en el papel – y en tu cabeza – los personajes llegan desfilando tan campantes. 

  1. Elige un animal (o varios)

Los animales son los grandes protagonistas de los cuentos de hoy y de siempre. El cariño y la fascinación que los niños y niñas sienten por las demás especies es nuestro gran aliado a la hora de formular historias para cuentos. Puede ser una idea estupenda pensar en los animales que más les gustan, hacer un listado de sus cualidades (la tortuga, lenta y prudente; el zorro, listo y ágil; la araña, trabajadora y responsable, etcétera) y, a partir de ahí, pensar en una historia que tenga sentido y pueda resolver un problema o conflicto en el mundo de los animales (el bosque, la selva…) o de los humanos (la ciudad, el zoológico, la escuela…). 

  1. Haz un sorteo de personajes y objetos 

Otro recurso súper útil es el de los sorteos de personajes u objetos. En realidad se trata de un juego que puede ayudarnos muchísimo a estimular la imaginación de niños y adultos. Lo que tenemos que hacer es escribir en papelitos distintos personajes y objetos que se nos ocurran y, a partir de ahí, que cada participante saque tres (o los que acordéis). Imaginad que sacamos: Caperucita, cruasán y conejo. A partir de estos tres elementos tendremos que crear el cuento, ya sea escrito o en formato oral. ¡Es muy divertido! 

  1. Reescribe un cuento 

¿Te gustaría que el Lobo terminara haciéndose amigo de los Tres cerditos? ¿Qué te parecería que Ricitos de Oro fuera una niña un poco más prudente? ¿Cómo le iría a la Cenicienta si pasara de ir al baile? ¿Y si Barba Azul tuviera que enfrentarse a una mujer valiente e inconformista? Los tiempos han cambiado y aunque los cuentos de siempre y sus mensajes deben conocerse, cambiar un cuento y reescribirlo adaptándolo a los tiempos modernos puede ser un ejercicio estupendo, no solo para dar rienda suelta a la imaginación, sino también para hacer que los niños y niñas cultiven su espíritu crítico.

¿Son o no son estas buenas ideas para empezar a escribir tus propios cuentos? No pierdas el tiempo, pues. Coge lápiz y papel y ¡a disfrutar del invento!