La lectura compartida es un regalo que nos hacen nuestros hijos. Mientras todavía no eres padre o madre, tus lecturas son en solitario. Lo más habitual, a no ser que tu profesión lo exija (estamos pensando en bibliotecarias, maestras, editoras, ilustradoras…) el contacto con la literatura infantil es muy escaso o inexistente. 

Ahora bien, cuando llegan niños, las cosas cambian. Muchas madres y padres empiezan con las lecturas durante el proceso de gestación. De bien pequeños, les cantan y les leen historias cortas, a veces solo con imágenes o con pequeñas onomatopeyas que los niños comienzan a repetir. 

Y pasamos a los cuentos y a las historias de siempre. A los clásicos y a los que no se leen, sino que se cuentan al oído. Y aunque se van haciendo mayores, les continuamos acompañando mientras aprenden a descifrar las primeras palabras y avanzan en el proceso lector. 

Sin embargo, llega un día en el que los niños se hacen autónomos en la lectura. Ya son capaces de escoger un libro y disfrutarlo en solitario, incluso en silencio. Y se pierden solos en historias maravillosas, deslizándose como Alicia hasta el fondo de la madriguera. 

Uy, ¡pero que no se te escapen! Está claro que debemos dejar a los niños disfrutar de sus lecturas autónomas, pero… nosotros no nos dejaríamos perder por nada del mundo un cuento explicado a dos voces. ¿Por qué? Déjate deslizar por la madriguera y te lo contamos.

 

Para conocer historias 

A todos nos ha sucedido. Descubrir las maravillas de la literatura infantil, juvenil y universal no es un privilegio reservado a los niños. Todos los lectores y lectoras son bienvenidos a leer lo que sea: fuera prejuicios y barreras. A bordo de la lectura compartida con vuestros hijos tendréis la oportunidad de descubrir un montón de universos creados desde donde inspiraros, emocionaros y encontrar referentes compartidos. 

 

Para decir que es importante

Ya sabéis que los niños son imitadores naturales y, por tanto, buenos observadores. Cuando perciben que algo es valioso para nosotros, también se convierte en importante para ellos. Cuando nos sentamos con ellos y leemos juntos, también les estamos diciendo que este momento de lectura compartida lo es todo para nosotros y se convierte, al mismo tiempo, en una bonita forma de querernos y hacernos sentir presentes. 

Para seguir contagiando

Deshacerse de la responsabilidad de contagiar nuestro espíritu lector es un error que puede terminar derivando en una pérdida de interés por parte de los más pequeños, que se encuentran en pleno desarrollo. Para seguir contagiando el hábito lector no es suficiente con que nos vean leer. Debemos implicarnos en el momento de leer, lo compartamos y conversemos siempre, porque esto, además, nos nutre y nos enriquece. 

 

Per ayudar en el proceso

Hay días en los que estás más cansado y no tienes ganas de leer, ¿verdad? A veces solo nos apetece descansar, que nos cuenten una historia o ver una serie de televisión. Es normal y no debemos sentirnos culpables por ello. A los niños les pasa lo mismo y debemos acompañarlos en este proceso. La lectura compartida también es útil para ayudar y hacer que participen de la lectura, aunque estén demasiado cansados para leer. Hoy me lo cuentas tú, papá? Y si es al revés, también puedes probar: Hoy me lo cuentas tú, hija? 

 

Para fortalecer vínculos

Estos pequeños pactos de lectura son oportunidades para reencontrarnos al final del día o cuando tenemos tiempo para nosotros. Estas lecturas compartidas, experiencias vividas, comentadas y hasta teatralizadas son herramientas para fortalecer vínculos, generar emociones y recuerdos a futuro. Son tu mejor herencia. ¡No se la niegues!