– Una guía práctica de cómo comunicar el diagnóstico a tu hijo –

Lo que ocurre tras escuchar las palabras tienes cáncer no es fácil. Digerir la noticia, comprender cómo te sientes respecto al diagnóstico, y ver cómo va a cambiar tu vida puede ser abrumador. 

Pero aún lo es más si piensas en el momento de darle esta noticia a tu hijo. Nadie está preparado para comunicar una noticia así, pero cuando ocurre queremos hacerlo de forma que impacte lo mínimo posible a su desarrollo psíquico y emocional. Si es tu caso, espero que esta pequeña guía te ayude en esta difícil tarea. 

No es recomendable esperar demasiado tras el diagnóstico, pues los niños saben enseguida que algo va mal, y es importante que cuando les expliques lo que ocurre seas honesta. 

En este artículo te proponemos una guía de tareas que te servirán para comunicar la noticia a tu hijo, tomar un plan de acción y estar atenta a los síntomas que nos podrían indicar que algo no va bien. 

La primera tarea: Recupera tu propia sensación de calma 

Ocúpate primero de tus emociones. Entiende cómo te sientes respecto al diagnóstico y el pronóstico. Trata de recuperar una mínima sensación de calma antes de hablar con tu hijo. La presencia adulta tranquila es lo que necesitará para no perder su sensación de seguridad. 

Reconoce qué te pasa. ¿Sientes rabia respecto al diagnóstico? ¿Miedo? ¿Sensación de injusticia?¿Viene tristeza? Cualquier cosa que sientas es aceptada. Solo nota las emociones, dales lugar. Entendiendo que todo lo que ahora sientes volverá poco a poco a su estado base; pero hay que transitar por estos estados. 

Presta atención a las sensaciones. Para regularlas, te ayudará poner bien los pies en el suelo, “enraizarlos”. Tomar tiempo para mirar poco a poco alrededor (orientarte en el espacio), buscar el lugar del cuerpo que esté más tranquilo u observar un objeto, mascota o pensamiento que te haga sentir cómoda y te devuelva a una sensación de calma. Prueba esto cuando sientas que te desregulas y haz el ejercicio sintiendo cómo poco a poco vuelves a tu estado base. 

Toma tiempo para ti. Para conocer tus respuestas, tus emociones y para conectar con tus recursos. Explica qué te está sucediendo a alguien de confianza. Una amiga, un familiar… te ayudará a ver qué emociones se ponen en juego al dar la noticia.  

Tomarte tiempo para aceptar lo que ha sucedido te ayudará a poder centrarte después en las necesidades del niño. 

La segunda tarea: Maneja las emociones de la noticia 

Busca un momento tranquilo, y un lugar privado para comunicarte con tu hijo. Es importante que esté calmado y que tengáis tiempo suficiente para gestionar lo que surja en la situación. 

La noticia, independientemente de con cuanta delicadeza la comuniquemos; irá seguida por algunas reacciones emocionales. Tu tarea como madre, es dar espacio al niño para darse cuenta y expresar estas emociones y sensaciones para así evitar que se queden bloqueadas. Confía en tu capacidad para comunicar y en la capacidad de tu hijo para procesar y sanar. 

Hazle saber que está bien expresar sus emociones si, por ejemplo, necesita llorar, tiene miedo o se enfada. Si antes has trabajado con él lenguaje emocional y tienes por ejemplo tarjetas de emociones; estará bien si juntos identificáis qué es lo que siente respecto a lo que acabas de comunicarle. 

Ayúdale a centrarse en las sensaciones, por ejemplo: “¿Cómo te sientes en tus brazos/barriga/piernas? ¿Y esa sensación dónde está? ¿Tiene una forma?” Dale tiempo para que preste atención a sus síntomas corporales, valídalos y espera a que el ciclo de activación llegue a su fin. Señales como una respiración profunda, un bostezo, estirarse o el cese del llanto indicarán que está recuperando el estado de calma. 

Valida su preocupación, responde a sus preguntas y dale tiempo para procesar la información. Tu tarea es permanecer con el niño siendo su contenedor seguro. Usa una voz tranquila, pon firmes tus pies en el suelo y ve ayudándote a ti también a regular lo que vas sintiendo.

Puedes tener material a mano que le ayude a expresar lo que siente y a comprender lo que ocurre; por ejemplo, a través de dibujos, o plastilina que pueda moldear. Una figura humana donde puedas mostrar la parte del cuerpo afectada o un muñeco que pueda hacer de maniquí para que puedas mostrarle qué te ocurre. El tacto profundo ayudará a calmar a tu hijo. Pon tu mano entre sus omóplatos o en sus hombros para ayudarle a regular el malestar. 

Algunos cuentos también ayudan a hablar del cáncer con los más pequeños, comoEl álbum de mamá”, “Mamá se va a la guerrao El pañuelo mágico

La tercera tarea: Idea un plan centrado en las necesidades de tu hijo. 

Los niños para sentirse seguros necesitan preservar su sensación de estabilidad y continuidad. Es importante preparar al niño para lo que sucederá, y decirle la verdad; aunque sin detalles innecesarios y con un vocabulario adaptado a la edad del niño. 

Los niños necesitan saber sobre cómo se verán afectados en sus propias rutinas. Quien los llevará al cole cuando mamá esté en cama o en el hospital; con quien se van a quedar si no se encuentra bien o quien les va a hacer la comida. 

Para mantener la estabilidad y la predictibilidad, es buena idea planificar (siempre que sea posible) los periodos de separación y de quimioterapia. Podéis, por ejemplo, elaborar un calendario juntos que prepare al niño para lo que va a ir sucediendo y le ayude a normalizarlo. 

Es importante que tu hijo siga sintiéndose conectado a ti en los periodos de ausencia, con lo que estaría bien tener un objeto de vinculación. Sirve un peluche o una pulsera que tengáis igual o que fabriquéis juntos y os ayude a permanecer vinculados incluso cuándo no podéis veros. 

También le ayudará participar en la toma de decisiones, por ejemplo, ayudarte a decidir el pañuelo cuándo se te caiga el pelo; comprar juntos ropa suave y agradable para cuando mamá no se sienta bien y ocuparse de pequeñas tareas como acercarte a la cama un vaso de agua. 

Cuarta tarea: Presta atención a los cambios

A los niños muchas veces les cuesta poner palabras a cómo se sienten. A menudo muestran sus emociones a través de sus patrones de juego, sueño o relación con los demás. Observa a tu hijo y mira si alguna de estas áreas cambia. Puede que duerma más, coma menos, empiece a tener rabietas o en general las respuestas emocionales se vuelvan exageradas. También es posible ver estos síntomas a la inversa. 

Lo más frecuente es que en la escuela se empiecen a ver dificultades en la concentración, un retraso en la lectoescritura, cansancio o problemas para terminar tareas. Si esto sucede mucho tiempo pueden aparecer las llamadas dificultades en el aprendizaje, aunque en este caso, el origen es una situación que para el niño está resultando traumática. Comunícate con la escuela y cuéntales sobre lo que estáis viviendo en casa para que los profesores puedan estar más atentos a estos cambios. Pide que también te avisen si hay cambios en la relación con sus compañeros; si por ejemplo se aísla o se pelea.

Algunos niños pueden comportarse como cuando eran más pequeños. Por ejemplo, se hacen pis en la cama, no quieren quedarse solos o piden que les demos de comer. Se trata pequeñas regresiones a niveles de desarrollo más tempranos, dónde ellos se sentían más seguros. 

Es posible que puedan aparecer lo que llamamos “quejas somáticas” dolor de barriga, de cabeza… No las minimices ni las tomes como una llamada de atención. Probablemente es la expresión de que la situación que estáis viviendo es difícil de procesar para él y la angustia se desplaza al cuerpo. 

Es importante si surgen síntomas, consultar a un psicólogo experto en trauma emocional. Él te orientará sobre la mejor forma de tratar cada uno de los síntomas. También si surgen una vez superada la situación; pues en muchos niños podemos observar síntomas meses o años después de un suceso traumático. La orientación de un profesional capacitado ayudará a tu hijo a recuperarse y a ti a manejar mejor lo que ocurre y estar más tranquilo.  

La quinta tarea (Y la más importante): Mímate y mímale

Es el momento de cuidarte. De pensar en ti y en lo que sientes. No olvides eso. Es importante que tu hijo también vea a una madre que se cuida; sino querrá hacerlo él, y se sobre responsabilizará. 

Sigues siendo su referente adulto y el espejo a través del que tu hijo ve el mundo. No olvides darle un buen reflejo de lo que te gustaría que hiciera él en tu situación. Déjate ayudar, permítete el descanso, llorar alguna vez y pedir lo que necesitas. 

Mímate, ten en cuenta tus necesidades y date espacio en el proceso de sanación. 

Y si lo necesitas busca ayuda de un profesional que pueda acompañarte a ti en la gestión emocional. Recuerda. Una madre estable, segura y tranquila es gran parte de lo que necesita tu hijo para sanar. 

Si necesitas más información o te interesa este tema, puedes encontrar interesante el libro Tus hijos a prueba de traumas: Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia escrito por Maggie Kline y Peter Levine. 

 

Raquel Molero
Psicóloga col. 17144
Directora del centro Ara Psicología en Rubí y Barcelona (También visitamos en Sabadell)