Namakianos y namakianas, ¿os atrevéis a poner color a esta imagen? 
Primero os explicaremos su historia para que conozcáis cómo surgió la ilustración de Carlos Lluch.

Esta imagen forma parte del cuento La puerta azul escrita por la editora de la revista, Sara Molina, y ocupa las páginas 28 y 29 de la Namaka número 18.

¡Adelante, pasar y descubrir quién es María y qué misterios esconde esta puerta!

María vive con sus padres en un sexto piso. La casa no es muy grande, pero está llena de puertas. Cuando las abres, puedes entrar en el baño, en el comedor, en las habitaciones e incluso en la cocina. Ella sabe perfectamente que hay muchos tipos de puertas, y en el piso tienen una que es muy especial.

Por la mañana, antes de ir a la escuela, María da tres golpes en la puerta de color azul. ¡Toc-toc-toc! Cuando la abre, lo que se encuentra nunca es lo mismo. A veces la habitación está llena de enanos y de muebles minúsculos. Incluso las camitas parecen de juguete.

Por la tarde, cuando vuelve de la escuela, lo primero que hace es llamar de nuevo a la puerta azul. ¡Toc-toc-toc! Esta vez la sala está llena de juguetes. Por la noche, antes de acostarse, la estancia se ha convertido en el refugio de un león feroz y María decide no entrar. «¡Mejor dejarlo tranquilo! —piensa—. Al fin y al cabo, mañana el león ya no estará».

¡Meeec! El despertador sonó y María saltó de la cama. Aquel día llovía a cántaros. El cielo estaba encapotado y la lluvia chocaba contra los cristales de las ventanas. ¡Viva! María sabe que, cuando llueve mucho, en la habitación de la puerta azul suceden cosas aún más extraordinarias. ¡Toc-toc-toc!

Pero esa mañana, cuando abrió la puerta, la habitación estaba vacía. No había nada, ni tan siquiera una mota de polvo. Sin embargo, al otro lado de la estancia había otra puerta. «¡Holaaa!», gritó, y el eco le devolvió el saludo. ¡En la habitación de la puerta azul no ocurría nada!

María decidió que lo mejor que podía hacer era abrir esa segunda puerta y ver qué escondía. Quizás las cosas maravillosas que solía ver se encontraban al otro lado. Pero, cuando la abrió, una especie de fuerza poderosa la absorbió y, de pronto, desapareció.

Se deslizó por una especie de tobogán gigante que daba mil y una vueltas. De repente, llegó al final y cayó de culo en el suelo de la habitación de la puerta azul. «¿Otra vez aquí? —pensó—. ¡Qué decepción!».

Llegaba tarde. Era hora de ir a la escuela y, como cada mañana, su padre le preguntó si ya estaba lista. «¡Sí, papá! ¡Ahora voy!». Pero, cuando pasó por delante del espejo del recibidor, se quedó pasmada. El espejo reflejaba a una María diferente, más grande, más gris, más… ¿hipopótamo?

¡Esa habitación siempre la sorprendía!

 

¡Ahora es tu turno!

Si nos quieres enviar el resultado de tu creatividad, puedes contactar con nosotros a través de info@revistanamaka.com