Hoy os quiero hablar de una mujer que me inspira. O mejor dicho de una historia que me inspira, la historia de una mujer: Gillian Lyne.

La Revolución: Ser tú – Mia Biosca

La señora Lyne, en paz descanse, es famosa por todo el mundo por ser una leyenda de Broadway. Ha coreografiado los musicales «Cats» y «Phantom of the Opera», ha creado estilo y también ha ganado todos los premios que una coreógrafa puede ganar. Y a pesar de que ella era una mujer empoderada y pionera, lo que a mí me llama la atención de su vida pasó mucho antes de que se convirtiera en la maravillosa artista que fue Gillian Lynne.

Y es que los referentes, sobre todo cuando no los hemos conocido personalmente, son lejanos, casi como leyendas o cuentos que se nos explican, y sabemos muy poco de la veracidad de todo. Pero aun así, en la historia de esta mujer, encuentro certezas que me inspiran y transforman la manera cómo juzgo mis capacidades. ¿Cómo puede una historia cambiarme y transformarme de la manera en que me veo a mí misma? Pues sintiéndome reflejada en una niña, Gillian, que, como yo, era demasiada dramática, demasiado soñadora, demasiado… demasiado.

Cuando tenía siete años, a principios de los años 30, la madre de Gillian la llevó al médico. Los maestros estaban muy preocupados por ella, pensaban que tenía algún tipo de trastorno de aprendizaje. Incapaz de estarse quieta durante dos segundos, el sobrenombre de Gillian en la escuela era «culo inquieto». No encajaba con el resto de compañeras de clase, los maestros ya no sabían qué hacer y su madre estaba desesperada. En aquella época, todavía no se hablaba de TDA, ni de TDAH ni se había estudiado tanto sobre las inteligencias múltiples.

Pero lo que pasó en la oficina del doctor cambió radicalmente la vida de Gillian, pasando de ser potencialmente una historia de fracaso escolar, a una inspiradora. Cuando llegaron, la madre de Gillian estuvo un buen rato enumerando todo los «problemas» de su hija: «No se puede estar quieta, no se concentra en la escuela, es incapaz de estar sentada…» Sin más, el doctor pidió hablar a solas con la madre, poniendo en marcha la radio al salir de la sala. Al parecer, mientras el doctor y la madre hablaban en privado en el pasillo, Gillian, pensando que nadie la veía, se puso a bailar. Observándola desde fuera, la madre y el doctor se quedaron boquiabiertos al ver a la niña completamente entregada a la canción, improvisando al ritmo del que seguramente era una pieza de swing de Glenn Miller o de Artie Shaw.

Cuestión de equilibrio – Mia Biosca

En aquel momento, el médico le dijo a la madre: «A su hija no le pasa nada. Simplemente necesita bailar.» Y recomendó que la apuntaran a la escuela de danza. Así de fácil. Vio lo que ningún maestro ni ningún miembro de su familia había sido capaz de ver: esta persona no estaba hecha para estar quieta, su esencia era otra.

Gillian encajó enseguida con sus compañeros en la escuela de danza. ¡Todos eran como ella, necesitaban moverse para pensar! Y en aquel entorno, descubrió una pasión y una manera de comunicarse. Encontró un lugar donde sí que podía encajar. Y así, después de muchos años de esfuerzo, Gillian consiguió tener una maravillosa carrera en el Royal Ballet y todavía más exitosa trayectoria como coreógrafa. Gillian no estaba hecha para estar quieta en la escuela y, por suerte, alguien supo ver esta energía especial y le dio alas para volar.

A mí, esta historia me inspira a no juzgarme cuando no encajo, a creer que todo el mundo necesita la oportunidad de crecer y prosperar, a su manera, y brillar con toda su luz.

 

AUTORA:Roser de Art&Shock.

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