No nos engañemos: el año está lleno de buenas épocas para leer. Todos los días podemos encontrar un motivo de peso para hacer inmersión en un buen libro o una buena revista. Llenamos todo el año de excusas y en verano cargamos nuestra maleta con volúmenes y listas de libros – infinitas e imposibles – para consumir deprisa, como si no hubiera un mañana lleno de horas que, en lugar de aprovechar para leer, utilizamos para hacer muchas otras tareas.

¿Y qué hacemos con los niños? Pues, como en la mayor parte de asuntos vitales, les trasladamos esta misma sensación – quizá medio cierta, quizá medio falsa – de que el verano será un espacio infinito para dedicarnos a la lectura en cuerpo y alma. Ocurre que julio y agosto están llenos de jornadas de playa, juegos con amigos y helados al sol ¿De verdad en verano tenemos todo el tiempo que nos hemos prometido para leer? 

 

¿Leer en verano? ¡Leer siempre!

Hay un dicho popular que dice que el hábito no hace al monje y como casi todos los refranes, lleva mucha razón. El verano por sí solo no nos hace lectores voraces. Al contrario, es muy posible que en plena canícula, haya días en los que tengamos más ganas de un chapuzón en la piscina que de pasar páginas bajo los ardientes rayos del astro rey. 

Sí, durante estos días las redes sociales se llenan de fotos de pies en la playa y auténticos ladrillos en forma de libros para leer. Y sabemos que para gustos están los colores, pero la arena, la crema solar y el agua no son los mejores amigos de los libros. Y de los lectores insaciables, tampoco. 

El verano es una muy buena época del año para leer, como lo es el invierno, en el sillón de casa, o el otoño, tras los cristales. También lo es la primavera, en nuestra biblioteca favorita, y cualquier otro momento del año que elijamos, siempre que la lectura sea placentera. 

Sin embargo, debemos tener claro que para que el verano sea una oportunidad para leer todo aquello que queremos, durante el año tendremos que haber practicado. Si lo hemos hecho, tanto nosotros como nuestros hijos sabremos aprovechar el tiempo en verano para hacer todas esas lecturas que deseamos. Y como habremos adquirido el hábito, nada nos resultará tan interesante y natural como coger un libro y ponernos a leer. Así de fácil y así de complicado. 

 

Leer en verano, ¿por qué? 

Ya hemos dicho que en verano mucha gente tiene una especie de obsesión por llevarse a todas partes una maleta llena de lecturas. Es verdad que hay personas que ahora tienen más tiempo y, por tanto, pueden aprovechar para dedicar más espacios de los habituales a practicar su afición favorita.

¿Y qué hay de los niños? Algunos se encuentran en pleno proceso de adentrarse en el mundo de la lectura o están configurando su perfil lector (probando un poco de allí y otro poco de allá). Otros, que son perfiles más consolidados, puede que tengan muy claros cuáles son los libros que más les gustan y sus sagas o colecciones favoritas. 

Sea como sea, para los niños el verano debería ser un momento mágico para encontrar tiempo para elegir y hacer las lecturas que más les interesan. Así, durante las vacaciones y hasta que empiece un nuevo curso escolar, seguirán adquiriendo vocabulario nuevo y ampliando sus fronteras léxicas. Entrenarán la velocidad lectora, mejorarán la comprensión y, naturalmente, la imaginación, la autoestima, los aprendizajes y, por supuesto, lo pasarán genial. 

 

Algunas recomendaciones para leer este verano

Toda esta teoría está muy bien, pero… ¿con qué llenamos la maleta? Un buen lector debe saber llenar su maleta con lecturas interesantes. Lo haréis, sin duda alguna, pero si queréis alguna idea, nosotros os proponemos… 

  • Llevaros las Namakas. Recordad que en agosto recibiréis un nuevo número que os podréis llevar a la playa, a la montaña o al balcón de casa. ¡Qué más da! 
  • Aprovechad para descubrir una saga mítica de cómics. Si todavía no lo habéis hecho, alucinaréis con las aventuras de Tintín o con las de Astérix. Son libros ligeros de transportar, pero llenos de diversión. 
  • Y hablando de cómics… son una fórmula fantástica para introducir a los más pequeños, no solo el formato, sino la lectura en general. Os recomendamos la colección de Mamut Cómics, pequeñas joyas como Las Varamillas (Camille Jourdy) en Astronave o la serie de Hilda (Luke Pearson) en Barbara Fiore Editora, que además tiene una buena adaptación en Netflix.


  • Buscad pequeñas series de novelas atractivas. Para elegir será necesario que indaguéis en los gustos de vuestros hijos. ¿Le gustan los fantasmas? ¿Los misterios? ¿Los investigadores? ¿Se siente fascinado por la naturaleza? ¿Disfruta descubriendo animales? Escoged con mimo para acertar. 
  • Leed en voz alta. Sea cual sea vuestra elección, no olvidéis hacer algo que con el tiempo se pierde. Cuando los más pequeños consolidan el hábito lector, dejamos de leer juntos y comenzamos a perdernos la emocionante aventura de disfrutar juntos y seguir tejiendo vínculos. 

Leed, en verano y en cualquier época del año. Si os apuntáis, la lectura será una práctica que os acompañará toda la vida. Hacedlo por vosotros, ¡y por ellos!