¿Has visto la portada? Hay toda clase de cuerpos: más grandes, más pequeños, de diferentes colores, con más pelo… Todos son válidos, la variedad es riqueza. Tu cuerpo es magnífico tal y como es, ¡ya que te permite hacer cosas extraordinarias!

A la Namaka número 28 descubre el maravilloso proceso del embarazo, desde que el espermatozoide y el óvulo se juntan hasta que el bebé conoce el mundo exterior. Así como la aventura de después a través de los pechos de la madre: la lactancia. Hemos colaborado con LactApp, especialistas en la maternidad y la lactancia, para explicarlo con información de calidad.

La tolerancia, la diversidad y el respeto son los lemas de este número.  

Aprende todas las partes del aparato reproductor y la relevancia de este en el proceso de la fecundación. ¿Y, que pasa con las personas que no pueden tener bebes de manera natural? Infórmate de como la ciencia les ayuda a través de la reproducción asistida. 

Conoce la historia de Jana, una personita que descubre que es trans. Gracias a su psicóloga entiende como se siente y aprende a quererse. Descubrirás la historia de una pirata con alma de princesa que dice que sus ojos hablan entre ellos. Y, ¿sabes que es el Vitíligo? Aprende a través del León que parece un superhéroe.

Disfruta mucho de la lectura de esta revista tan especial.

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Este año los más pequeños de la casa también pueden disfrutar de descuentos. Si hacía tiempo que te pasaba por la cabeza suscribirte a la revista más divertida y salvaje ahora es ¡EL MOMENTO!

Te ofrecemos descuentos del viernes 26 al lunes 29 de noviembre. ¿Cuatro días? Si, si, lo has leído bien, el 26, 27, 28 y 29 de noviembre, ¡no lo dejes escapar!

Hay un 15% de descuento en la suscripción en digital. Recuerda que la suscripción es por un año y la Namaka se publica cada dos meses, esta se renueva automáticamente el año siguiente, y puedes darte de baja en cualquier momento. Puedes visualizar la revista mediante el ordenador o la tableta en tu área personal en la página web de Namaka.

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Los niños y niñas se lo pasarán muy bien momentos leyendo la revista Namaka, y, lo más valioso, mejorarán y aprenderán. ¿Qué hay mejor que aprender mientras se disfruta leyendo?

Además, ya os avanzamos que la Namaka de diciembre es ES-PEC-TA-CU-LAR, hablaremos del género, del embarazo, de los pechos… la tolerancia es su lema.

Si todavía tienes dudas, entra en el apartado de preguntas frecuentes, envíanos un correo a info@revistanamaka.com o escríbenos por Whatsapp.

La lectura compartida es un regalo que nos hacen nuestros hijos. Mientras todavía no eres padre o madre, tus lecturas son en solitario. Lo más habitual, a no ser que tu profesión lo exija (estamos pensando en bibliotecarias, maestras, editoras, ilustradoras…) el contacto con la literatura infantil es muy escaso o inexistente. 

Ahora bien, cuando llegan niños, las cosas cambian. Muchas madres y padres empiezan con las lecturas durante el proceso de gestación. De bien pequeños, les cantan y les leen historias cortas, a veces solo con imágenes o con pequeñas onomatopeyas que los niños comienzan a repetir. 

Y pasamos a los cuentos y a las historias de siempre. A los clásicos y a los que no se leen, sino que se cuentan al oído. Y aunque se van haciendo mayores, les continuamos acompañando mientras aprenden a descifrar las primeras palabras y avanzan en el proceso lector. 

Sin embargo, llega un día en el que los niños se hacen autónomos en la lectura. Ya son capaces de escoger un libro y disfrutarlo en solitario, incluso en silencio. Y se pierden solos en historias maravillosas, deslizándose como Alicia hasta el fondo de la madriguera. 

Uy, ¡pero que no se te escapen! Está claro que debemos dejar a los niños disfrutar de sus lecturas autónomas, pero… nosotros no nos dejaríamos perder por nada del mundo un cuento explicado a dos voces. ¿Por qué? Déjate deslizar por la madriguera y te lo contamos.

 

Para conocer historias 

A todos nos ha sucedido. Descubrir las maravillas de la literatura infantil, juvenil y universal no es un privilegio reservado a los niños. Todos los lectores y lectoras son bienvenidos a leer lo que sea: fuera prejuicios y barreras. A bordo de la lectura compartida con vuestros hijos tendréis la oportunidad de descubrir un montón de universos creados desde donde inspiraros, emocionaros y encontrar referentes compartidos. 

 

Para decir que es importante

Ya sabéis que los niños son imitadores naturales y, por tanto, buenos observadores. Cuando perciben que algo es valioso para nosotros, también se convierte en importante para ellos. Cuando nos sentamos con ellos y leemos juntos, también les estamos diciendo que este momento de lectura compartida lo es todo para nosotros y se convierte, al mismo tiempo, en una bonita forma de querernos y hacernos sentir presentes. 

Para seguir contagiando

Deshacerse de la responsabilidad de contagiar nuestro espíritu lector es un error que puede terminar derivando en una pérdida de interés por parte de los más pequeños, que se encuentran en pleno desarrollo. Para seguir contagiando el hábito lector no es suficiente con que nos vean leer. Debemos implicarnos en el momento de leer, lo compartamos y conversemos siempre, porque esto, además, nos nutre y nos enriquece. 

 

Per ayudar en el proceso

Hay días en los que estás más cansado y no tienes ganas de leer, ¿verdad? A veces solo nos apetece descansar, que nos cuenten una historia o ver una serie de televisión. Es normal y no debemos sentirnos culpables por ello. A los niños les pasa lo mismo y debemos acompañarlos en este proceso. La lectura compartida también es útil para ayudar y hacer que participen de la lectura, aunque estén demasiado cansados para leer. Hoy me lo cuentas tú, papá? Y si es al revés, también puedes probar: Hoy me lo cuentas tú, hija? 

 

Para fortalecer vínculos

Estos pequeños pactos de lectura son oportunidades para reencontrarnos al final del día o cuando tenemos tiempo para nosotros. Estas lecturas compartidas, experiencias vividas, comentadas y hasta teatralizadas son herramientas para fortalecer vínculos, generar emociones y recuerdos a futuro. Son tu mejor herencia. ¡No se la niegues! 

 

– Una guía práctica de cómo comunicar el diagnóstico a tu hijo –

Lo que ocurre tras escuchar las palabras tienes cáncer no es fácil. Digerir la noticia, comprender cómo te sientes respecto al diagnóstico, y ver cómo va a cambiar tu vida puede ser abrumador. 

Pero aún lo es más si piensas en el momento de darle esta noticia a tu hijo. Nadie está preparado para comunicar una noticia así, pero cuando ocurre queremos hacerlo de forma que impacte lo mínimo posible a su desarrollo psíquico y emocional. Si es tu caso, espero que esta pequeña guía te ayude en esta difícil tarea. 

No es recomendable esperar demasiado tras el diagnóstico, pues los niños saben enseguida que algo va mal, y es importante que cuando les expliques lo que ocurre seas honesta. 

En este artículo te proponemos una guía de tareas que te servirán para comunicar la noticia a tu hijo, tomar un plan de acción y estar atenta a los síntomas que nos podrían indicar que algo no va bien. 

La primera tarea: Recupera tu propia sensación de calma 

Ocúpate primero de tus emociones. Entiende cómo te sientes respecto al diagnóstico y el pronóstico. Trata de recuperar una mínima sensación de calma antes de hablar con tu hijo. La presencia adulta tranquila es lo que necesitará para no perder su sensación de seguridad. 

Reconoce qué te pasa. ¿Sientes rabia respecto al diagnóstico? ¿Miedo? ¿Sensación de injusticia?¿Viene tristeza? Cualquier cosa que sientas es aceptada. Solo nota las emociones, dales lugar. Entendiendo que todo lo que ahora sientes volverá poco a poco a su estado base; pero hay que transitar por estos estados. 

Presta atención a las sensaciones. Para regularlas, te ayudará poner bien los pies en el suelo, “enraizarlos”. Tomar tiempo para mirar poco a poco alrededor (orientarte en el espacio), buscar el lugar del cuerpo que esté más tranquilo u observar un objeto, mascota o pensamiento que te haga sentir cómoda y te devuelva a una sensación de calma. Prueba esto cuando sientas que te desregulas y haz el ejercicio sintiendo cómo poco a poco vuelves a tu estado base. 

Toma tiempo para ti. Para conocer tus respuestas, tus emociones y para conectar con tus recursos. Explica qué te está sucediendo a alguien de confianza. Una amiga, un familiar… te ayudará a ver qué emociones se ponen en juego al dar la noticia.  

Tomarte tiempo para aceptar lo que ha sucedido te ayudará a poder centrarte después en las necesidades del niño. 

La segunda tarea: Maneja las emociones de la noticia 

Busca un momento tranquilo, y un lugar privado para comunicarte con tu hijo. Es importante que esté calmado y que tengáis tiempo suficiente para gestionar lo que surja en la situación. 

La noticia, independientemente de con cuanta delicadeza la comuniquemos; irá seguida por algunas reacciones emocionales. Tu tarea como madre, es dar espacio al niño para darse cuenta y expresar estas emociones y sensaciones para así evitar que se queden bloqueadas. Confía en tu capacidad para comunicar y en la capacidad de tu hijo para procesar y sanar. 

Hazle saber que está bien expresar sus emociones si, por ejemplo, necesita llorar, tiene miedo o se enfada. Si antes has trabajado con él lenguaje emocional y tienes por ejemplo tarjetas de emociones; estará bien si juntos identificáis qué es lo que siente respecto a lo que acabas de comunicarle. 

Ayúdale a centrarse en las sensaciones, por ejemplo: “¿Cómo te sientes en tus brazos/barriga/piernas? ¿Y esa sensación dónde está? ¿Tiene una forma?” Dale tiempo para que preste atención a sus síntomas corporales, valídalos y espera a que el ciclo de activación llegue a su fin. Señales como una respiración profunda, un bostezo, estirarse o el cese del llanto indicarán que está recuperando el estado de calma. 

Valida su preocupación, responde a sus preguntas y dale tiempo para procesar la información. Tu tarea es permanecer con el niño siendo su contenedor seguro. Usa una voz tranquila, pon firmes tus pies en el suelo y ve ayudándote a ti también a regular lo que vas sintiendo.

Puedes tener material a mano que le ayude a expresar lo que siente y a comprender lo que ocurre; por ejemplo, a través de dibujos, o plastilina que pueda moldear. Una figura humana donde puedas mostrar la parte del cuerpo afectada o un muñeco que pueda hacer de maniquí para que puedas mostrarle qué te ocurre. El tacto profundo ayudará a calmar a tu hijo. Pon tu mano entre sus omóplatos o en sus hombros para ayudarle a regular el malestar. 

Algunos cuentos también ayudan a hablar del cáncer con los más pequeños, comoEl álbum de mamá”, “Mamá se va a la guerrao El pañuelo mágico

La tercera tarea: Idea un plan centrado en las necesidades de tu hijo. 

Los niños para sentirse seguros necesitan preservar su sensación de estabilidad y continuidad. Es importante preparar al niño para lo que sucederá, y decirle la verdad; aunque sin detalles innecesarios y con un vocabulario adaptado a la edad del niño. 

Los niños necesitan saber sobre cómo se verán afectados en sus propias rutinas. Quien los llevará al cole cuando mamá esté en cama o en el hospital; con quien se van a quedar si no se encuentra bien o quien les va a hacer la comida. 

Para mantener la estabilidad y la predictibilidad, es buena idea planificar (siempre que sea posible) los periodos de separación y de quimioterapia. Podéis, por ejemplo, elaborar un calendario juntos que prepare al niño para lo que va a ir sucediendo y le ayude a normalizarlo. 

Es importante que tu hijo siga sintiéndose conectado a ti en los periodos de ausencia, con lo que estaría bien tener un objeto de vinculación. Sirve un peluche o una pulsera que tengáis igual o que fabriquéis juntos y os ayude a permanecer vinculados incluso cuándo no podéis veros. 

También le ayudará participar en la toma de decisiones, por ejemplo, ayudarte a decidir el pañuelo cuándo se te caiga el pelo; comprar juntos ropa suave y agradable para cuando mamá no se sienta bien y ocuparse de pequeñas tareas como acercarte a la cama un vaso de agua. 

Cuarta tarea: Presta atención a los cambios

A los niños muchas veces les cuesta poner palabras a cómo se sienten. A menudo muestran sus emociones a través de sus patrones de juego, sueño o relación con los demás. Observa a tu hijo y mira si alguna de estas áreas cambia. Puede que duerma más, coma menos, empiece a tener rabietas o en general las respuestas emocionales se vuelvan exageradas. También es posible ver estos síntomas a la inversa. 

Lo más frecuente es que en la escuela se empiecen a ver dificultades en la concentración, un retraso en la lectoescritura, cansancio o problemas para terminar tareas. Si esto sucede mucho tiempo pueden aparecer las llamadas dificultades en el aprendizaje, aunque en este caso, el origen es una situación que para el niño está resultando traumática. Comunícate con la escuela y cuéntales sobre lo que estáis viviendo en casa para que los profesores puedan estar más atentos a estos cambios. Pide que también te avisen si hay cambios en la relación con sus compañeros; si por ejemplo se aísla o se pelea.

Algunos niños pueden comportarse como cuando eran más pequeños. Por ejemplo, se hacen pis en la cama, no quieren quedarse solos o piden que les demos de comer. Se trata pequeñas regresiones a niveles de desarrollo más tempranos, dónde ellos se sentían más seguros. 

Es posible que puedan aparecer lo que llamamos “quejas somáticas” dolor de barriga, de cabeza… No las minimices ni las tomes como una llamada de atención. Probablemente es la expresión de que la situación que estáis viviendo es difícil de procesar para él y la angustia se desplaza al cuerpo. 

Es importante si surgen síntomas, consultar a un psicólogo experto en trauma emocional. Él te orientará sobre la mejor forma de tratar cada uno de los síntomas. También si surgen una vez superada la situación; pues en muchos niños podemos observar síntomas meses o años después de un suceso traumático. La orientación de un profesional capacitado ayudará a tu hijo a recuperarse y a ti a manejar mejor lo que ocurre y estar más tranquilo.  

La quinta tarea (Y la más importante): Mímate y mímale

Es el momento de cuidarte. De pensar en ti y en lo que sientes. No olvides eso. Es importante que tu hijo también vea a una madre que se cuida; sino querrá hacerlo él, y se sobre responsabilizará. 

Sigues siendo su referente adulto y el espejo a través del que tu hijo ve el mundo. No olvides darle un buen reflejo de lo que te gustaría que hiciera él en tu situación. Déjate ayudar, permítete el descanso, llorar alguna vez y pedir lo que necesitas. 

Mímate, ten en cuenta tus necesidades y date espacio en el proceso de sanación. 

Y si lo necesitas busca ayuda de un profesional que pueda acompañarte a ti en la gestión emocional. Recuerda. Una madre estable, segura y tranquila es gran parte de lo que necesita tu hijo para sanar. 

Si necesitas más información o te interesa este tema, puedes encontrar interesante el libro Tus hijos a prueba de traumas: Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia escrito por Maggie Kline y Peter Levine. 

 

Raquel Molero
Psicóloga col. 17144
Directora del centro Ara Psicología en Rubí y Barcelona (También visitamos en Sabadell)

Escribir tu propio cuento. ¿Quién no lo ha soñado en alguna ocasión? Explicar, narrar, inventar… son actividades fantásticas para que niños y adultos entrenen su capacidad para imaginar y escribir. Pero la página en blanco nos da mucho miedo. No sabemos sobre qué escribir, ni cómo desarrollar la idea o plantearla para que tenga sentido. Nos emociona empezar, pero no sabemos cómo coger el lápiz, ni la hoja, ni los colores… ¿Quieres que te echemos un cable? Continua leyendo. Aquí tienes cinco maneras de poner a funcionar el motor de la creatividad literaria. ¡Vamos allá!

  1. Encuentra la inspiración en ti 

Solemos buscar ideas en paisajes inhóspitos, planetas imposibles y estrellas lejanas y tal vez no nos demos cuenta que las historias de verdad pueden crecer desde nuestro interior. ¿Qué sientes? ¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué te pasó este verano? Quizá una caída en bicicleta, un miedo feroz a los monstruos que crees que se esconden debajo de tu cama o la llegada de un hermanito a vuestra familia pueda ser la chispa que enciende tu historia. Y luego ya vendrán los universos raros, las selvas amazónicas y los animales exóticos. 

  1. Crea un escenario 

A veces no son tanto las personas como los lugares en los que suceden las cosas. ¿Qué tal si en lugar de empezar por los personajes, nos inventamos un lugar? Puede ser una casa en el bosque, un palacio elegantísimo, el árido suelo lunar, un teatro antiguo o una cancha de baloncesto. Seguro que en cuanto hayas situado el escenario en el papel – y en tu cabeza – los personajes llegan desfilando tan campantes. 

  1. Elige un animal (o varios)

Los animales son los grandes protagonistas de los cuentos de hoy y de siempre. El cariño y la fascinación que los niños y niñas sienten por las demás especies es nuestro gran aliado a la hora de formular historias para cuentos. Puede ser una idea estupenda pensar en los animales que más les gustan, hacer un listado de sus cualidades (la tortuga, lenta y prudente; el zorro, listo y ágil; la araña, trabajadora y responsable, etcétera) y, a partir de ahí, pensar en una historia que tenga sentido y pueda resolver un problema o conflicto en el mundo de los animales (el bosque, la selva…) o de los humanos (la ciudad, el zoológico, la escuela…). 

  1. Haz un sorteo de personajes y objetos 

Otro recurso súper útil es el de los sorteos de personajes u objetos. En realidad se trata de un juego que puede ayudarnos muchísimo a estimular la imaginación de niños y adultos. Lo que tenemos que hacer es escribir en papelitos distintos personajes y objetos que se nos ocurran y, a partir de ahí, que cada participante saque tres (o los que acordéis). Imaginad que sacamos: Caperucita, cruasán y conejo. A partir de estos tres elementos tendremos que crear el cuento, ya sea escrito o en formato oral. ¡Es muy divertido! 

  1. Reescribe un cuento 

¿Te gustaría que el Lobo terminara haciéndose amigo de los Tres cerditos? ¿Qué te parecería que Ricitos de Oro fuera una niña un poco más prudente? ¿Cómo le iría a la Cenicienta si pasara de ir al baile? ¿Y si Barba Azul tuviera que enfrentarse a una mujer valiente e inconformista? Los tiempos han cambiado y aunque los cuentos de siempre y sus mensajes deben conocerse, cambiar un cuento y reescribirlo adaptándolo a los tiempos modernos puede ser un ejercicio estupendo, no solo para dar rienda suelta a la imaginación, sino también para hacer que los niños y niñas cultiven su espíritu crítico.

¿Son o no son estas buenas ideas para empezar a escribir tus propios cuentos? No pierdas el tiempo, pues. Coge lápiz y papel y ¡a disfrutar del invento! 

 

¿A quién no le gusta bailar? Encender el aparato de música, buscar tu canción preferida y dejarte llevar por cada nota y… ¡no pares de bailar!

No hace falta que te explicamos de qué va la Namaka núm. 27,¿verdad? ¡Seguro que ya te lo sabes! Pero por los más despistados os diremos que la nueva revista ¡va de danzas y ritmos frenéticos por no parar de bailar! Una publicación para los meses de octubre y noviembre llena de bailes y curiosidades desde Fred Astaire pasando por Edgar Degas. Remueve la revista a ver cuántos referentes eres capaz de identificar.

Una de las primeras secciones que te encontrarás es el cuento de la Dora Cantero que está ilustrado por Roger Ballabrera y se titula El baile sin baile. Una historia muy simpática inspirada en las canciones y los bailes del verano. Por cierto, ¿has bailado alguna vez el baile del mosquito? ¡Hace diez años fue todo un éxito! Pero Daniela, su creadora, ¡tiene un problema! ¿Será capaz de reinventarse y volver a crear un baile con tanto de éxito?

No te pares, ¡sigue removiendo! Todavía te quedan miles de movimientos para descubrir dentro de esta revista. ¡Eh!, hacemos una parada en las páginas 18 y 19 para averiguar como fueron los inicios de la danza. ¡Es muy interesante!

Mover el esqueleto es un hecho natural en el ser humano. Por eso podemos decir que la danza es tan antigua como el origen de nuestra especie. El ritmo se encuentra en la respiración y en los latidos del corazón. ¿Por qué movemos la cabeza cuando escuchamos música?

 

Fabrica tus propios zapatos de claqué con monedas de 5 céntimos, ayuda a Celia a encontrar sus zapatillas y acompáñala hasta el escenario en el laberinto ¡de Namaka! Ensúciate las manos cocinando un flan de lima muy bailarín…

¡Descárgate aquí los imprimibles y crea una máscara de película! Que necesitarás: Goma EVA de diferentes colores, lápices, tijeras, pega, punzón y goma elástica.

 

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¿A quién no le gustaría tener una máquina del tiempo para aterrizar en la era mesozoica? La época en qué existieron los dinosaurios. ¿Te imaginas ver un tiranosaurio rex o un triceratop paseando por la montaña? ¿Alucinante, verdad?
En Namaka todavía no hemos inventado esta máquina, pero hemos editado una revista con la que parecerá que vivas con estos animalitos. La revista Namaka núm. 26 ¡va de dinosaurios de todo tipo y de fósiles que nos descubren un pasado maravilloso! Así pues, ¡cógete fuerte!, porque Namaka te traslada a la era mesozoica.

¡Atención! Hace unos años, en el Polo Norte apareció una isla, de repente, sin avisar como si hubiera estado anclada a la tierra durante miles de años y ahora se hubiera soltado. Pero, lo más sorprendente era que la isla estaba llena de huevos de color rosa. Acompaña a los científicos de la expedición Tortellini en esta gran aventura.

 

Grandes, pequeños, delgados, voladores, terrestres, herbívoros, carnívoros…, cada especie de dinosaurio tenía sus características y peculiaridades. ¿Sabías que el dinosaurio más grande que conocemos mide más de 36 metros de altura? ¿O qué muchos de ellos comían piedras? ¿Qué algunos tenían plumas y que otros no tenían dientes?

Hacía tan solo un par de horas que aquel dinosaurio había cerrado los ojos con la idea firme de no volver a abrirlos nunca más. Las consecuencias de su acto comenzaban a hacerse evidentes. Ya era capaz de percibir los olores con mucha más intensidad. De hecho, le llegaba un olor suave y agradable de una caca de tricerátops.

Eso sí, como no veía nada, no dejaba de tropezar con las raíces de los árboles y con las rocas. La vida era mucho más incómoda ahora que dos horas antes. Sin embargo, aquel dinosaurio estaba convencido: ¡nunca más volvería a abrir los ojos!

Todo esto y muchas más dinosaurios en la Namaka núm. 26.