Voy a empezar, saltándome un poco el guión, porque cuando me dijeron “piensa una mujer que sea referente para ti” ya me vinieron a la cabeza dos, primero una y luego otra, pero una vez aparecieron sus nombres fui incapaz de elegir. 

En las sesiones de terapia, a veces usamos un recurso que se llama la rueda de vida y nos fijamos en todas las áreas para saber si las necesidades de esos ámbitos están satisfechas (trabajo, pareja, amistad, ocio, salud…) y así poder hacernos una idea más amplia de la persona. 

Y usando ese símil, se me ocurrió que yo misma, Marta, como mujer tengo diferentes roles según el contexto donde estoy o según la gente que me rodea.

Por ejemplo, en mi caso, yo puedo ser Marta trabajadora, amiga, hija, esposa, mujer…

Es cierto que las primeras referentes que me vinieron a la cabeza eran estando desde el rol psicóloga, desde mis “gafas” de Marta trabajadora fueron Laura Gutman y Beatriz Cazurro, ambas psicólogas que me enseñan sobre la mirada adulta al mundo infantil, la importancia de nombrar emociones y realidades…

Pero también admiro a mi amiga Marta que cuando a veces me interrumpe luego me pregunta y me dice “¿Qué decías?” o mi amiga argentina Casandra y se sienta a mi lado cuando estoy triste y me dice “Ya nena, está bien, es normal, acá estoy”. También admiro a mi madre y a mi abuela, mis dos grandes referentes, de las que hay cosas que he aprendido y aunque dije “Uf, qué rabia cuando hacéis esto, yo cuando sea mayor…” y ahora también lo hago yo y otras cosas que he querido hacer diferente también. También admiro a las personas que acompaño en terapia, en ver la manera que ha tenido cada una de sobrevivir y de hacer frente a las dificultades que han aparecido en su camino. De verdad, qué difícil escoger solo a una, aprendo tanto de las mujeres que me rodean hoy en día, porqué es la manera en qué también aprendo de mí.

La verdad es que cuando creces admirar a otra mujer es otro rollo, quizá de más joven me hubieran dado envidia o hubiera querido ser como ellas y evidentemente necesitamos tener guías para saber cómo hacer, también para ver aquello que, si queremos hacer/ser y aquello que no, pero sin perder la propia esencia. 

Admirar significa que voy a querer aprender de ella, sin infravalorarme a mí, ya que seguramente lo estoy haciendo lo mejor que puedo con las herramientas que tengo. 

Digo esto porqué siento que nos han enseñado a competir entre nosotras y no a cooperar. Imagina que estás en la escuela y que te comparan y te animan a querer ser como aquella otra niña que saca mejores notas, o aquella otra que se le da mejor ese deporte en equipo, o aquella que es más extrovertida, o la que ha dado el estirón más pronto, y tal como se verbaliza a veces, llegamos a pensar que hay algo malo en nosotras o que no somos suficientes. 

Admirar también significa que algo de ella me sorprende y que querré tenerla cerca para nutrirme de su sabiduría, así que para que permanezca cerca, entre otras cosas, le voy a decir lo que la admiro, para que lo sepa y lo sienta.

Así que volviendo a ello, admiro a las psicólogas, Laura y a Beatriz, porqué cuando las veo, las leo o las escucho siento que aprendo y que mis gafas de psicóloga se amplían un poco más gracias a su recorrido y experiencia, puedo ver en ellas la determinación al hablar de algo tan necesario y que a veces causa revuelo. 

Habitualmente valoramos también aquellas cualidades que ya tenemos pero que quizá aún no hemos reconocido en nosotras mismas, por ejemplo, habrá algunas personas que se queden asombradas por la fuerza o por la paz que transmite otra mujer, pero a menudo cuando la detectamos fuera, también la llevamos dentro.

La admiración requiere atención a ver algo extraordinario en cada una de las mujeres que te rodean, y eso significa que también puedes reconocer esa capacidad en ti, pero quizá aún te la habías visto.

Te animaría a que puedas preguntarles a las mujeres que tienes alrededor que te puedan nombrar alguna cualidad que les guste de ti, de verdad hazlo, déjate mirar por los ojos amorosos y compasivos de las mujeres que te rodean, y anímate tú también a decirles qué admiras de ellas. 

Hazlo y experiméntalo, aprendemos cuando incorporamos la emoción en ello, déjate sentir para recordar la importancia de admirar y de que te admiren también, que esto no se quede en un día, para que lo tengas presente, para que te apoyes en ellas, para que ninguna de nosotras se sienta sola, para que ninguna se sienta menos. 

¡Feliz día de la mujer, hoy y todos los días! 

 

AUTORA: Marta Segrelles

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